miércoles 18 de noviembre de 2009

El marido femenino, o la sorprendente historia de la señora Mary, alias George Hamilton, de Henry Fielding

Son muchas las lectoras que me escriben para preguntarme la pregunta: ¿por qué no te metes con las lesbianas?, y las preguntas: ¿acaso no son igual de lacerables que el resto de los seres humanos?, ¿acaso un argentino, un maricón o un catalán merecen un maltrato más malo que los maricos?, y sobre todo: ¿por qué nos ha dejado a solas con nuestros consoladores esta semana: ¡no has escrito nada, puto!?

En realidad me estoy leyendo Tom Jones, 1400 págs., un adoquín de papel, un taquito primoroso de celulosa sucia, un libro mayor.

Y, entre que leo, entre que suena Fistfull of love de Antony and the Jonhsons, y entre que me viene la menopausia del diciembre que viene, pensé: qué pena dan las lesbianas que no se pueden hacer chistes buenos con ellas. No, no se puede. Es un colectivo del que no te puedes reír con respeto. Yo, al menos, non posso.

Tender forever dice que la reina Sofía es lesbiana. Tiene gracia, pero sólo si lo dice una lesbiana de Portland, porque su desconocimiento de la monarquía española la inhabilita para darse cuenta de que la reina Sofía es algo peor que lesbiana: es griega. Las griegas son todas lesbianas y adictas a enviar envueltas de yogur cuando loteran un kit completo para hacer castillitos de arena en la playa, y meter dentro princesas, infantas, reyes yermos y esos que se ocupan de todo en los palacios de piedra, siervos bocazas.

Volviendo a Tom Jones, a la intro, que firma Fernando Galván, hay que decir que Fielding, ya en el XVIII, era bastante progre. Habríanle dado una columna en El País si El País hubiera existido, y si Henry se hubiera rebajado a ser leído por tanto imbécil. Dice Henry, dijo, que Pamela era una puta mierda porque, al cabo (sinopsis: amo persigue criada, criada se resiste, amo ve la virtud de la criada y la desposa, final feliz), de lo que habla Richardson es de que "la Providencia recompensaría con dinero y posesión social superior a aquellas jóvenes de clase humilde que supieran "vender bien" su virginidad" (son palabras del prologuista). Vamos, un intercambio de sexo por dinero, la larga sombra de la prostitución que corre paralela a la "feminidad".

Esto de no ver el diablo cuando se disfraza de ángel es bastante común en nuestros días: ya Larsson, un asesino patológico en papel, viene siendo premiado por defender a las mujeres, miopía del poder.

A Fielding, como es lógico, lo brearon por ver la verdad, que es una cosa que no entiende de lo políticamente correcto. Por cierto, esto es, que no tiene nada que ver pero me acabo de acordar, hay una idea, afirmación, que debería desacreditar inmediatamente a todo el que la expresara: es: que hay que hacer preguntas y no dar respuestas. Claramente, yo estoy hasta los cojones de que escritores y cineastas (este finde la he oído TRES veces, entre otros, de Muñoz Molina en Babelia), no sabiendo qué decir, no teniendo la verdad ni intención de verdad ni labor de verdad en su labor creadora, salven la papela con un comodín dialéctico asquerosito: no, no, si yo sólo quiero que la gente se haga preguntas... ¿Preguntas? Te doy algunas: ¿por qué Babelia considera que Alfaro es una obra de Virginia Woolf: no era Al faro?, ¿por qué he leído este sábado Babelia: me follé a una de sus redactoras...?, ¿por qué Ayala-Dip (o algo) dice que Muñoz Molina considera que la obra de Galdós se sintetiza en la frase "cada hombre lleva consigo su novela", dando a entender que esas son palabras de MM y no, como es el caso, palabras del propio Galdós, y conocidísimas, de su novela Fortunata y Jacinta?, ¿por qué se escribe cada vez más como si todos fuéramos tontos del hule?

Iba a decir que Samuel Johnson, crítico del XVIII, minusvaloró a Fielding, al que ahora leo, y se machihembró con Richardson, al que nadie lee nunca, para que no aparecieran reseñas de Tom Jones en determinadas revistas: ay, el mundillo literario se inventó a la vez que la buena literatura, un lunes.

Más modernidad: "La tirada (de Tom Jones) fue de 2.000 ejemplares y la publicidad que se le dio antes de su publicación fue tal que la totalidad de la edición estaba agotada antes de que efectivamente pudiera llegar a las librerías". Siglo XVIII.

Al español se tradujo a lo bobísimo la novela: primero del francés, llamando a Henry Henrique; luego llamando a Henry Henri, luego llamando a Tom Jones Lola Flores.

lector: ¿En serio?
juan: Sólo trato de que os hagáis preguntas...
lector: ¿En serio?

No, claro. Se tituló Tonésimo de las Jons, el expañol.

A lo mejor ya no doy más de mí: aviso.

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El título completo de esta obrita es:

El marido femenino, o la sorprendente historia de la señora Mary, alias señor George Hamilton, que fue condenada por haberse casado con una joven de Wells y haber vivido con ella como su marido. Basada en sus propias declaraciones después de su encarcelamiento.

No sé si hace falta decir mucho más; veremos.

viernes 13 de noviembre de 2009

Sale el espectro, de Philip Roth

Estamos en Nueva York: aquí todo es posible. Va uno por la calle y, zas, se encuentra con una mujer enferma de cáncer a la que no veía (uno) desde hace más de cincuenta años; compra una revista y, zas, una pareja solicita intercambiar su apartamento por una casa campestre que no quede a más de 150 kilómetros del centro (y uno tiene esa casa, zas); y zas: conoce a la pareja (uno) y resulta que los dos son wonabí escritores y un su amigo, que también, está preparando una biografía escandalofriante sobre otro escritor (zas) muerto (zas) que era nuestro (de uno) gran ídolo y al que (zas) queremos proteger (uno quiere) de la deshonra. Esto pasa, sí, en Nueva ¡Zas!, donde todo es posible a condición de que uno (uno) sea escritor.

lector avispao: ¿Paul Auster?
juan: ¡No! Un poco más arriba.

Un poco más arriba, Philip Roth. Este argumento tan casual (pronúnciese cásual, como la ropa de tu puta novia) cañamaza (no viene en el DRAE, pero dadme tiempo) la novela última del gran Felipe, o Filipo, ¿no será Pedro?, ¿Feliciano?, ¿Fermín?, de Fermín Roig, el mayor genio de las letras catalanas de Newark, Nueva Jersey. Y digo yo: a mí qué cojones me importa Newark, Nueva Jersey. ¿No sería ecuménico un Newark, Estados Unidos? ¿Acaso dicen en Harvard "Javier Cercas, Ibahernando, Cáceres, EXTREMADURA, España"? ¿Acaso dicen Lola Flores, Illinois? ¿Acaso dicen Uwe Johnson, Pomerania Occidental?

lector wiki: ¿Quién cojones es Uwe Johnson, Pomerania Occidental?
juan: Uwe Johnson, Pomerania Occidental fue un...
lector wiki: El mismo Uwe Johnson, Pomerania Occidental que...
juan: No, no, ese fue otro Uwe Johnson, Pomerania Occidental. El Uwe Johnson, Pomerania Occidental del que te...

Me ha gustado mucho Sale el espectro (por hacer tabla rasa) de Fermín Roig, Pomerania Jersey Vasca. El argumento ut supra es tan Paul Auster que parece como si Paul Auster follara: pero no. El que folla es Philip Roth, o su alter ego, Nathan Zuckerman, con chicas que tienen entre 40 y 41 años menos que él, lo que viene siendo una pederastia pacientemente esperada. Con 40 años, sabedlo, el pederasta sólo puede follar con embarazadas, y a partir de los 41 tiene que hacer malabares con niñas de un año, luego con 42, supongo que lo pilláis, con niñas de 2 años, y así hasta que cumplen 18 y deja de ser tan jodidamente divertido. En este blog respetamos la pederastia, sobre todo viendo todos esos pelos de punta que se os han puesto, queridas.

una feminista radical: ()()()()()()()()
juan: ¿A que jode que te censuren, zorra?
una feminista radical: ()()()()()()()()
juan: Si no es una polla, que no lo es, qué es lo que tienes en la boca. Ja-ja-ja.

Hablando de feministas y de toda esa gente que sabe lo que nos conviene, hay que decir que Roth, como hiciera en La mancha humana, vuelve a arremangarse contra la gilipollez que comanda el mundo educativo, especialmente el universitario. Por ejemplo: "Eso empezó en las universidades y ahora está en todas partes. Richard Wright, Ralph Ellison y Toni Morrison, pero no Faulkner. ¿Cómo os atrevéis a dejar fuera a Faulkner?".

Porque Faulkner escribe bien, pero dedicó demasiado tiempo a escribir bien, en lugar de a manifestarse contra el copo de ozono o a ser un negro convincente.

Roth está viejito, el hombre, al borde de la puta muerte, como todos lo estaremos algún día (salvo las feministas, que convencerán a Dios de que matarlas es discriminante), y así lo escribe, así suena su escritura: a una vida que se acaba.

Es muy grande, Roth. No le den el Nobel; dénselo a cualquier puta. ¡No lo necesitamos! ¡Nadie va a leer esa basura, payasos!

Ni nadie leerá nada: "Personas que leéis y escribís, estamos acabados, somos fantasmas que presenciamos el fin de la era literaria... anota esto."

Lo anoto. Torres más altas han caído y, a fin de cuentas, esto es sólo papel.

jueves 12 de noviembre de 2009

Ágape se paga, de William Gaddis

Ágape se paga es un palíndromo, y lo más interesante del volumen, así que hablaré de cualquier otra cosa.

lectora: ¿Tu polla?
juan: Cómo no.

Sé verlas al revés: es el palíndromo más inteligente que conozco. No lo he inventado yo pero, como tampoco sé quién lo ha inventado, decid por ahí que lo he inventado yo, que soy un genio y que también he escrito el Lazarillo de Tormes, dado que ignoro quién lo ha escrito, y que violé a esa muchacha de 13 años, dado que Polansky no fue; ¡bien buena que estaba, la nena! Fui yo, sí, oh, fui yo: y cómo me lo pasé. Que vengan a detenerme y a darme un par de oscars.

Yo soy. Otro. No soy otro, como el cuponero de Borges. Yo soy. Otro. Lo que iba a comentar, por no comentar que la diarrea mental de Gaddis es una puta mierda y su pretendida hermandad con el estilo de Thomas Bernhard un disparate en el escaparate, lo que iba a comentar es: ¿no veis a muchos escritores defender a Stieg Larsson? ¿Queréis saber por qué? Yo os lo cuento, en el siguiente palíndrofo.

Me cago en tu puta madre erdam atup ut ne ogac em. (Este palíndromo no se le ocurre ni al puto Perec.) Pues es fácil: Stieg ha vendido pon que 1 millón de ejemplares a 1 millón, pon, de personas. Esas personas oyen a un escritor, llamémosle X, decir: Me gusta Stieg, I like Stieg, Stieg suki desu. Subsecuentemente, asocian Stieg con X, lo que lleva a X a vender un pon que 6% del millón de ejemplares de Stieg por asociación subliminal de literatura subnormal. 60.000 ejemplares vendidos. Y todo por mentir un poquito: Me gusta Stieg.

A mí me gusta augusta mí A. Qué es un palíndromo: una frase que las personas civilizadas leen al derecho y los moros leen al revés, y entienden lo mismo. Un palíndromo, por tanto, es como la mala literatura, que la entiende todo el mundo; o el programa de previsión meteorológica, que lo puede presentar cualquier gilipollas.

Fin con F. in. Otra cosa fundamental que se puede decir de Ágape se paga es que lo prologa Rodrigo Fresán, como es costumbre en todos los libros que leo. Y dice en el prólogo, nuestro amigo Rodrigo ogirdor ogima ortsenu que Las correcciones, de J. Franzen, es una novela "sobrevalorada". Que escriba un prólogo Fresán para Las correcciones, ya verás como pienso igual que él.
Amor aroma.

viernes 6 de noviembre de 2009

Obra selecta, de Cyril Connolly

Los lectores son felices. Es toda una suerte que alguien, en la literatura, sea feliz. Los escritores no lo son: se pasan el día mirando este blog a ver si les saco, por ejemplo; se pasan el día mirando Babelia a ver si les sacan: otro ejemplo; se pasan el día recibiendo tesinandas a ver si se la sacan: eje del pene. Los editores tampoco son felices. Se pasan el día mirando este blog a ver si les saco. Se pasan el día buscando una obra maestra que les saque de cutres, una obra comercial que les saque de pobres, un cóctel subvencionado que les saque de la edi, toda manuscritos y erratas naturales.

Los agentes no son felices: son mujeres. No son felices.

Los libreros no son felices.

El papel no es feliz.

Sólo son felices, en este horror, los lectores.

Cyril, por ejemplo. Es un lector, un crítico, inglés. Nació para ver nacer la gran literatura moderna; murió para no ver morir la literatura. Es feliz en un cielo donde nadie lee otra cosa que la dulce lectura que ya se hizo.

Obra selecta, en Lumen sin Esther, es ese gran libro del lector. Arranca con un prólogo muy brillante del editor, sin Esther. No sé quién lo escribió, entonces. Sigue Enemigos de la promesa, ensayo sobre todo lo que puede acabar con el talento. Todo puede acabar con el talento (Norman Mailer en Paris Review). Con el talento de Cyril acabó el talento de los demás, que era mucho, que era Joyce, que era Woolf, que era mucho, tú. Se propone el inglés un sueño: escribir algo que dure más de diez años. No es ambicioso, Cyrill. No es escritor y lo sabe: proponte algo que dure más de cien años. Proponte algo que dure más que tú, en definitiva; un libro que dure lo que dura el lector, la vida.

Sigue La tumba inquieta, diario o prosas íntimas, a fuego, en la línea de Leon Bloy y la escritura descarnada. "No merece la pena conocer a nadie mayor de treinta y cinco años que no sea capaz de enseñarnos algo más de lo que pudiéramos aprender por nuestra cuenta con un libro." Es lo mejor del volumen; incluso lo mejor del año que leo: uno de esos textos que son verdad y que son inteligencia.

Después la pedrea: pequeños textos que en su día llenaron periódicos y revistas. Dos, fundamentales, de esos que, como suele decirse (y digo yo mucho respecto a mi polla) deberían enseñarse en las universidades. Son: El movimiento moderno y El nacimiento de la poesía moderna. Años sesenta. Cyril estuvo más abajo, en los años 20, viendo venir lo nuevo, y lo cuenta mejor que nadie, y no dejará que nadie lo cuente mejor que él, nunca.

Los editores han seleccionado muchos obituarios: Hemingway, Cummings, Camus. Vanse muriendo y Cyril los despide por escrito, en un adiós que es un hasta luego, no porque él también acabe por morirse, sino porque en casa tengo tus libros en primeras ediciones. Te abriré esta tarde.

Bibliófico, multimatrimonial, gordito, Cyril encerrado en la feliz lectura. Dice: "No recuerdo la época en que aún no sabía leer".

No recuerdo la época en la que aún no sabía leer.

Dice.


1.000 pp
(para curiosos)

martes 3 de noviembre de 2009

Las aventuras de Joseph Andrews y su amigo el señor Abraham Adams escritas a la manera de Cervantes autor de Don Quijote, de Henry Fielding

La literatura del siglo XVIII es la mejor literatura de todos los tiempos. El motivo es obvio: no dejaban escribir ni a las mujeres ni a los pobres. Los escritores eran todos señores adinerados con mucho tiempo libre y una sola cosa en la cabeza: por qué mi criada no me deja que me la folle. Muchos de estos escritores, además, eran curas. Desde Pamela (1740) a El monje (1796), la narrativa del siglo de las luces es la narrativa del sexo. Todo lo que leais en los manuales es basura. Todo adjetivo elevado para estas novelas es incorrecto. Toda tesis sobre el siglo XVIII que no centre su propuesta en follar es miope y de lesa lectura.

Pamela fue el primer best seller de la historia. Samuel Richardson nos contó el drama de una criada que se resistía durante 500 páginas a que le metieran la polla. Eso sí es sexy, y no tu hermana pequeña. Provocó numerosas parodias, entre ellas Shamela, de Henry Fielding. Diderot, con La religiosa o Los dijes indiscretos; Sterne, con Tristam Shandy y El viaje sentimental, abundaron en la temática estrella: queremos follarnos a las muchachas. Las muchachas, es obvio, no podían escribir novelas porque estaban muy ocupadas manteniendo pegadas las rodillas y reluciente la cubertería . Goethe, entonces, acuñó su famosa sentencia: No hay nada más sexy que una mujer limpiando la casa (en alemán suena confusamente profundo) para luego escribir Werther (1774), otro best seller sexual en forma de epístolas. Ni Goethe ni Richardson se inventaban nada: eran cartas, eso estaba pasando de verdad.

El marqués de Sade pinchó el globo: empezó a follarse a las criadas en el primer párrafo y siguió follándoselas durante todos sus libros. Además las torturaba y, en definitiva, se resarcía de todas las pajas que se había hecho leyendo a los maestros de su siglo. A partir de entonces, no fue posible el encanto.

Finalmente, en esta mi teoría genial que regalo al mundo, tenemos la novela gótica. Su éxito no procede de su interés intrínseco, sino de la necesidad lectora de seguir poniéndose cachondo con un libro. La novela gótica, el terror, el miedo, aún hoy en día con las películas, es sólo sexo. Dado que Sade ya había quitado el tapete a todos los coños del servicio doméstico, fue necesario una reinvención del morbo. En la novela de quiero-follarme-a-la-criada se disfrazaba el asunto de lección moral para las muchachas y muchachos, de modo que podía hablarse de deseo sexual siempre y cuando, con notable cinismo, se concluyera exhortando al lector sobre lo inapropiado de todos aquellos jueguecitos. La novela gótica cambió de tercio y nos dio símbolos y oscuridad, malvados afectados de satiriasis y un buen puñado de noches sin dormir: todo sexo.

En este contexto, Joseph Andrews. Sinopsis en marcha: Joseph es muy mono, su ama se lo quiere coger, la criada de la casa también se lo quiere coger, de modo que es despedido por ser demasiado guapo (ver Que se mueran los feos, de Boris Vian); es asaltado en el camino, despojado de sus ropas: pasa una diligencia y una señora no quiere que le metan dentro porque, sí, ¡está desnudo!... Así todo el rato. Doncellas y sátiros, y una leccioncita moral cada tanto.

Lo cervantino del título no se nota mucho: salvo en que es una road movie llena de personajes encontrados (que, claro, sólo hacen que contar historias de doncellas dudosas entre dos desvirgamientos). Nota benet: la novela inglesa más deudora de Cervantes es Papeles de club Pickwick, de Dickens. Además, Fielding tiene algo que no tiene Cervantes: encanto, esto es (siguiendo a Nabokov) nada de crueldad ni tosquedad: hasta las palizas que recibe Joseph son delicadas (en Cervantes vemos los dientes rotos, la sangre manchando el blusón, las babas).

Entre discursos de jurisprudencia y cultureta clásica (Esquilo, etc.), lo menos interesante del libro, Fielding cuela también lo mejor del texto: apelaciones al lector, siempre irónicas, siempre tramposas.

Una me ha encantado especialmente: la novela viene dividida en cuatro "libros". El libro segundo se inicia con un "Sobre el uso que de las divisiones hacen los autores". Y dice: que no crea el lector (es decir: que lo crea) que uno divide los libros en capítulos y "libros" para abultar papel y cobrar más. Que no lo crea, repite. Que no lo crea, argumenta. Que no lo crea, concluye.

Y te lo crees. Porque ya entonces, en el XVIII, cuando se inventó todo, se inventó eso que hoy es tan habitual de vender libros casi en blanco, con una poca de tinta que apenas dice nada, porque somos, ay, vanguardistas.

Joseph Andrews, para los amigos.

lunes 2 de noviembre de 2009

En Grand Central Station me senté y lloré, de Elisabeth Smart

Las mujeres enamoradas follan mejor.

lectora: Hala, ya estamos con teorías aleatorias.

Las mujeres enamoradas follan mejor (teoría). Cuando una mujer se enamora, automáticamente, hace viejas todas las revistas pornográficas, automáticamente, desdice todos los reportajes imbéciles de las revistas femeninas, automáticamente, desautomatiza la técnica del follar, que no es una técnica, sino un manual de instrucciones para chicas que no tienen corazón, ni apenas coño.

Chupar pollas, por ejemplo. Es muy distinto la felación de la prostituta y la felación de la enamorada (a pesar de que ambas salen más o menos por el mismo precio). La prostituta labora el falo con profesionalidad, y la eyaculación es un objetivo único; la loca enamorada hace con una polla lo que el amor hace con su alma: lo reinventa. La eyaculación no es un objetivo, sino una sorpresa de semen.

Viene esto a que Elisabeth Smart se enamoró, una vez. Que se enamorara de un poeta resta muchos puntos a su amor, pero amor era. Dicen, en las edis de este bookito, que la historia fue tan así como os cuento: pues no va Elisabeth, pija del Canadá, y entra en una librería, abre un librito de poemas, lo lee así en diagonal y se dice: es el hombre de mi vida. Nota: el librito de poemas no tenía foto del autor ni nada; nota dos: el autor no era TS Eliot ni nada. Años 40 hablamos: una podía enamorarse hasta de los nombres propios.

Entonces, Eli, dedica tres años a contactar con el poeta. Lo contacta, y está casado. Lo invita, con mujer y todo, a California. Se lo folla. Se queda embarazada. Da a luz. Y mientras viene el hijo vino el libro, el de sentarse y llorar. Luego vinieron más hijos, menos libros, uno solo, malo dicen. El niño creció en todas direcciones; el libro, este, de sentarse y llorar, creció en la dirección del mito, que es un camino estrecho pero con vistas fascinantes.

Traduce, prologa, anota, Laura Freixas, esponjada de encontrarse una mujer que escribe bien. Es novela lírica, esto, amor fou como en Breton, surreal y pasmoso. "Mi corazón con mi corazón se encarniza." Si no nos cuentan la historia (ver arriba) el libro no se entiende. Es un libro, un amor, que necesita del verduleo, ya ven.

Lo publicó Lumen, lo rescata ahora Periférica. Empachado un poco de paisajes, insidioso de intertexto, En Grand Central Station me senté y lloré acude a las manos del lector para demostrar que las mujeres enamoradas son otra forma de terrorismo.

No la más peligrosa, claro.

O, de hecho, sí.

Muy zorra.

jueves 29 de octubre de 2009

El arte de la distorsión, de Juan Gabriel Vásquez

Se me olvidó (la coca, el M, el chupachups), semen olvidó, decía, en el post de Ballard comentar la polémica posición del autor respecto al bombardeo de Hiroshima: está de acuerdo. El colombiano (allá, 1972) Juan Gabriel Vásquez está en desacuerdo. Curioso.

Curioso opinar, curioso posicionarse. Curioso tu coño. Ballard vivió la guerra, la 2, y la guerra marcó su vida, su obra, su coño. Vásquez (allá, en Colombia; aquí: 1972) no vivió nada, pero puede opinar, y lo que es más semoviente, argumentar.

Para Jotagé, el Ballard, Hiroshima, es sabido, fue un acierto porque matar 70.000 chinitos nos libró de matar más, chinitos y no chinitos, durante un tiempo X. A él le sirvió para salir del campo de concentración, por ejemplo. Vásquez, al hilo de Hiroshima, de Hersey, que tradujo al español, cree que fue un error, por, es sabido: que Japón se iba a rendir a la mañana siguiente, después del taisho; que la bomba no buscaba otra cosa que acojonar rusos fríos; que además había que probar el mastodonte nuclear con gente viva, que en los desiertos no queda claro si hace trizas el cuerpo humano o sólo revuelve un poco el estómago.

Parece, pareció, que hacía trizas el cuerpo humano, poder de sombras.

Yo también estoy a favor de Hiroshima; sólo que me gustaría cambiarle el nombre. Barcelona. ¿Para cuándo una bomba atómica en Barcelona? No es necesario que caiga por san Jordi, aunque tendría su gracia ver la sombra de los escritores pegada a sus propios libros, y, ellos, fosfatina.

El caso es que Vásquez, cambiando el tercio de flanes, es un tipo muy famoso y prestigioso y demás, al que uno no conocía. Es, nuevamente, curioso, andar detrás de las letras todo el santo día (y de algunos mocitos, y de mi genialidad) y no conocer más que ahorita a este colombiano de escaso mérito: nacer colombiano es nacer bien escrito.

Y bien follado.

Luego te bajan la cabeza a machete, pero eso es algo que uno siempre agradece después de un buen polvo.

Vásquez, en este book, reúne varios ensayos, artículos, que consiguió colar en su día en Lateral, Quimera, Elmalpensante y por ahí. Son muy buenos, muy instructivos y muy jugosos. Más que nada, en lo tocante a Gabo, ese autor que es como el Cervantes de Colombia, pero más a mano. Y más a menos.

Y menos ameno.

"Esa fotocopia caribe de El viejo y el mar que es El coronel no tiene quien le escriba", verbigracia.

También reparte muerte Vásquez con Cortázar: "cuyas mejores novelas son hoy poco más que una pataleta de época, y cuyas peores novelas ya no existen".

El autor, otrosí, simpatiza con Ribeyro, ya saben, ese que fracasó para contarlo; adora, venera, sigue a Joseph Conrad (ya saben, ese de los marineritos); valora, estudia, perdona a Philip Roth (ya etc; ese que se hizo pajas en cada página de su primera novela; y que ahora no mira a ninguna mujer que no tenga como mínimo 70 años menos que su polla); sintetiza, imita, contiende con Martin Amis (ese cuyo padre era bastante amigo de Jotagé Ballard y cuya hija natural conoció en sus veintepico, de ella, porque una hija no merece la pena hasta que le salen las tetas, que si no es delito) y, finalmente, le mola Sebald, que no era Jotagé sino algo parecido.

Un libro muy entretenido este de Juan Gabriel. No lo publica una editorial independiente, como es lógico, porque la independencia no tiene precio, pero tiene, sí, muchos amigos que escriben.


Cien años de poliester.

martes 27 de octubre de 2009

Milagros de vida, de JG Ballard

En este post resumo un libro que resume una vida.

lector: ¿Eso no lo habías dicho ya?
juan: Sí: es que me gusta la frase.

La vida de JG Ballard le dio para 238 páginas. Se leen así (mi ayudante ha chasqueado los dedos) y se agradece así (mi ayudanta ha chasqueado; sin más). (Ver DRAE.)

Las memorias de Ballard van en dos partes (Mondadori: actualmente el mejor equipo de diseño de España). La primera habla de sus primeros 17 (+ o -) años de vida; la segunda, sobre los siguientes 60 años de vida (hasta 2007). Ambas partes son igual de largas. ¿Qué nos dice esto sobre la vida, sobre Ballard? ¿Que la patria es la infancia? ¿Que la Guardia Civil es la infancia? ¿Que es mejor no acordarse pasados los 40?

Firma Ballard el texto en septiembre de 2007. Muere en abril de 2009. ¿Qué nos dice esto sobre las páginas en blanco del final de los libros?

(Más, en Neruda: Libro de las preguntas.)

Ballard tenía, su familia, diez criados en Shanghai. Los llamaban por el número, como en los créditos de las pelis. Criado 1, Criado 2. Así les llamaban. Shanghai era el puterío y la gloria, un paraíso remezclado, raza sobre raza. Pero llegaron las bombas y el humo (como es lógico: ya nos tocará) y al niño Ballard y su familia toda y sus raquetas de tenis los confinaron en un campo "de internamiento" (la solapa dice: "de concentración"). Allí estuvo el niño Ballard casi tres años. Los mejores de su vida, dice. Claro: la infancia no es política.

En Inglaterra, ya de mocito, Ballard entra en la uni y no le gusta mucho. Snob, clasista, muchas gárgolas. Estudia anatomía, se la pasa cortando cuerpos y dejando cabezas en los armarios. Para un tipo que había visto chinos muertos es normal seguir viendo cadáveres y, luego, editores. La literatura tiene mucho de cadáver, y de china.

O China.

Se cansa de trocear humanos y se sube a unos aviones. Luego baja a tierra, se casa y procrea. Su mujer muere. Sus hijos son los "milagros de vida" del título. Muy ñoño esto. Todo lo que cuenta Ballard sobre su vida familiar me lo he saltado un poco. Por supuesto, su mujer, la primera, era la clásica mujer perfecta de escritor de éxito: le apoyó en todo y... me da tanta pereza describir a la mujer perfecta del escritor de éxito...

Cómo será el esposo perfecto de la escritora de éxito. ¡Otro escritor!

Poética. Ballard habla bastante, y de interés, sobre su visión literaria. Parte de Freud y los surrealistas y, gracias a Esto es mañana y el cuadro que ilustra este post (el famoso collage de Hamilton) ve la luz, de hecho, el luminoso de una tienda: hay que hablar de la sociedad de consumo. Dice: "En una novela de Virginia Woolf nadie llenaba el depósito de gasolina de su coche." Y eso hace él: llenar depósitos de gasolina, estrellar los coches y follar entre el amasijo.

También bebe mucho, Ballard, pero eso es algo que se le supone a cualquier escritor decente.

Finalmente, el cáncer.

Porque la muerte es una tradición que no acabamos de superar.


Lazarov, levántate y anda.

viernes 23 de octubre de 2009

Mil años de poesía europea, de (es un decir) Francisco Rico

En este post resumo un libro que resume un milenio (de poesía) que resume un milenio (de vida humana) que resume un milenio (de existencia cósmica) que resume la eternidad.

Aquí está Dios por tanto, entre párrafo y párrafo; y Saramago, en este punto.

Meterse en vena óptica mil años de lírica es como tragarse el aleph entre los copos de avena del desayuno; o los copos de avena de tu coño. Uno iba a la rutina y acaba empachado de infinito.

Uno iba a leer un libro y lee todos los libros un poquito.

Hay que decir primero: Francisco Rico. Quién es F. Rico para salvar los nombres, interrogo. La gente escribe y aspira, pero luego muere, y alguien que no escribió decide que viva o reviva, que yo lo lea o lo ignore, milenio mediante. Claro es: no se va a decidir a los dados la posteridad, que saldrían 50% mujeres y muchos negros, aunque ni unas ni otros hubieran siquiera escrito. Algún día, sí, el canon lo haremos como Ikea sus muebles: para todos.

Pero aún no ha llegado ese día y la poesía sigue en pie: para todos.

Rico dedica una sola página a biografía del canonizado: es brillante, toreo de salón, dato exacto, justo, contextual. Un resumen dentro del resumen, y yo resumo, aquí. Sin embargo, qué felicidad hallar lo errado en el ego ingobernable del doctor: dice: "de el temprano siglo XX", biografía de Rilke, página 759. Le tiene uno tanto respeto al doctor que, si nos pone perro con hache (perroh), dudamos de nosotros.

¿"De el temprano siglo XX"?

Ahora os cuento la poesía en los últimos mil años. Va.

Según se lee en este tocho de mil páginas, la poesía primera era de follar. Sólo había dos temas: follamos y morimos, y los poetas, en todas las lenguas y todos los lechos, decían: ¿follamos o morimos?

El tiempo va y viene y vira,
Por días, meses y años,
Y yo, ay, no sé qué diga:
Siempre es igual mi arrebato.
Siempre es igual, siempre el mismo,
Que a una quiero y he querido
A quien no gocé jamás.
(Bernart de Ventadorn)

Los poetas, antaño, que no había amor, dice, absurda, Roudinesco, querían tirarse a unas cuantas mozas, niñas; eran los buenos tiempos: follabas con treceañeras sin ser Polansky y, a los treinta, eras ya viejo y tenías cosas que decir. Ahora, con treinta, no te dejan decir nada, que eres joven y no sabes; que para saber hay que arrugarse, dicen.

También eran de argumento débil, los poetas, los romances; porque a la moza se la quieren abotonar (Umbral) con el dictum de: vas a perder tu belleza, querida, vente pa lo plano; y ellas, que no respondían, respondían en su mente: no es que no folle, gilipollas, es que no follo contigo, pesao.

Se creen los poetas que la muchacha pierde su beldad in albis del coño: ¡inocentes! Prefieren al arriero, que trae en su polla las mechas de la vida, el camino.

Luego de estas rijosas estrofas (XII-XV) llega el poeta-soldado. Se nota, en las bios, que todo poeta XV-XVII era un señor de sangre y filo. Cortaba cuerpos en pedazos y luego, en el intermedio, cantaba la belleza de las lilas. Como los nazis, pero sin esas botas tan sexis, que, antañón, las vestían como putas, a los soldados. Muy ridi.

Seguidamente, XVIII, la cosa se pone bruma, gris despacho, perro muerto en tinta viva. John Milton y Alexander Pope, primer Goethe: sus preocupaciones elevadas como globos sonda a ver si hay Dios y sabe pincharnos la burbuja del intelecto. Coñazo.

XIX. ¡Nació el amor! Ya lo dijo Roudinesco, tan psiqui. Goethe mismo descubre que las criadas no mueven así el culo por necesidad de fregona, sino por necesidad de mango. Y dice Goethe: "No hay nada más sexy que una mujer limpiando la casa". Lo dijo con otras palabras, y además yo no sepo el alemán, que es un idioma para llevar a las chicas a abortar. No me gusta. El alemán. Bueno, alguno es guapo. El alemán.

Y Lord Byron, y todos esos ingleses con casa de teleraña: Shelley, Coleridge, Wordsworth: poco a poco van perdiendo el interés por la carne y acaban hablando de tormentas y mitos, pobres mortales.

Asín, 2/2 s. XIX, llega Baudelaire, la droga y el mariconeo de Verlaine y Rimbaud. Los franceses toman la delantera y no hay poesía fuera de París. Ya el verso no lo acuña el rico y el noble, ni el soldado y su reposo; sino gente un poco más normal, tan normal que se drogan bastante y no votan porque no aciertan con la papela y la urna, que está difícil la acrobacia democrática.

Siglo XX. En este siglo el 90% de los poetas que nos lega Rico pasaron por un campo de concentración, o estuvieron muy concentrados en que les matara alguien. La poesía es ya política, y no es ya nunca rima y metro, sino desorden y desintegro. Fue el comienzo del fin. Philip Larkin.

El fin es ahora. Que no hay poesía. Sino miles de poetas, con padrino.

Los mejores poetas del milenio son (por mis cojones): Lope de Vega, Baudelaire, Kavafis, TS Eliot y Pessoa.

Los mejores poemas del libro: Fuga de noche, de Paul Celan; y Tabaquería, de Pessoa.

Salen dos mujeres y un montón de maricas e italianos.

No sale Teresa de Jesús ni Aleixandre ni poeta alguno de Andorra. Del 27 (gran cisma): Lorca y Guillén.

Sabedlo.




El oficio más viejo del mundo.

miércoles 21 de octubre de 2009

Los juegos feroces, de Francisco Casavella

Hay mucho que decir sobre literatura y tríos; sobre libros y treses; sobre triángulos y talento literario. El trío es cuando tienes miedo de que tu novio se vaya con otra y dejas que otra venga a follar con vosotros: sentimiento de inferioridad disfrazado de libertinaje. El 3 es un número que parece una E y parece un 8 y parecen dos grandes tetas cuando llevas toda la noche programando palotes. El triángulo, por finar el juego, es la creación de un espacio a partir de tres fronteras, la acotación de un trozo a partir de tres roturas, el jirón de superficie donde buscamos a Dios y sólo vemos nuestro propio ojo, insomne.

Por qué, que es a lo que iba a ir, va uno y dice: trilogía. Gran misterio. Escribir tres libros es normal y sano y prolífico, o no tanto; pero concebir tres libros es un misterio y una insensatez. Baroja, más que nadie en lo nuestro, perpetró muchas trilogías, con nombre y todo, y los alumnos sucesivos las estudian, con nombre y todo, aunque en ellas haya cuarto y mitad de aleatorio. Entiendo que lo trilógico vende más, como los putos donuts, que ahora vienen de seis en seis, gordos seremos, o esos 3x1 de los supermercados, rebaja del precio de lo que no quieres comprar.

Y por qué trilogía y no tetralogía; o duología, bilogia, sesquilogia, minilogía o pentecosteslogia. Quizá Hegel: tesis, antítesis, síntesis; quizá Aristóteles: planteamiento, nudo y desenlace; quizá ¡Fougol! Yo no sé.

Casavella hizo tres y ahora es una en Destino. Leí la primera, Los juegos feroces; el todo se llama El día del Watusi. Es tan buena.

Tan buena que dice uno: esto es literatura, la literatura, mi literatura, que ya andaba uno despistado por las chuches y el picoteo entre las horas, déficit nutritivo de la posmodernidad.

Casavella escribe áspero y extenso, mineral; hay muchas cosas en la página, hierro, lodo, olor; arrabal. Sitúa la historia en el tardofranquismo, Barcelona, unas chabolas que había, olímpicas. Va de: uno que tiene que escribir sobre otro, y empieza el Informe, y en este primer tomito nos cuenta el Día del Watusi, día en el que el Watusi mató a una cría y todos le buscaron para mitificarlo antes de darle sepultura marina, a cuchillo o bala, analfabetos.

BATUSI TETAN BUCANDO

Tiene un paladar machote, la novela, que ahí suena Malcolm Lowry, Faulkner, Martín Santos, Marsé, Una vida violenta de Pasolini: toda la narrativa del realismo sórdido, de putas y drogas, cata cheli, goteo de argot y déjense de mariconadas.

Drama amado, vida dura, calle en la página, todo al tres.

Esa mierda tradicional, vamos.


Todo al negro.