Son muchas las lectoras que me escriben para preguntarme la pregunta: ¿por qué no te metes con las lesbianas?, y las preguntas: ¿acaso no son igual de lacerables que el resto de los seres humanos?, ¿acaso un argentino, un maricón o un catalán merecen un maltrato más malo que los maricos?, y sobre todo: ¿por qué nos ha dejado a solas con nuestros consoladores esta semana: ¡no has escrito nada, puto!?En realidad me estoy leyendo Tom Jones, 1400 págs., un adoquín de papel, un taquito primoroso de celulosa sucia, un libro mayor.
Y, entre que leo, entre que suena Fistfull of love de Antony and the Jonhsons, y entre que me viene la menopausia del diciembre que viene, pensé: qué pena dan las lesbianas que no se pueden hacer chistes buenos con ellas. No, no se puede. Es un colectivo del que no te puedes reír con respeto. Yo, al menos, non posso.
Tender forever dice que la reina Sofía es lesbiana. Tiene gracia, pero sólo si lo dice una lesbiana de Portland, porque su desconocimiento de la monarquía española la inhabilita para darse cuenta de que la reina Sofía es algo peor que lesbiana: es griega. Las griegas son todas lesbianas y adictas a enviar envueltas de yogur cuando loteran un kit completo para hacer castillitos de arena en la playa, y meter dentro princesas, infantas, reyes yermos y esos que se ocupan de todo en los palacios de piedra, siervos bocazas.
Volviendo a Tom Jones, a la intro, que firma Fernando Galván, hay que decir que Fielding, ya en el XVIII, era bastante progre. Habríanle dado una columna en El País si El País hubiera existido, y si Henry se hubiera rebajado a ser leído por tanto imbécil. Dice Henry, dijo, que Pamela era una puta mierda porque, al cabo (sinopsis: amo persigue criada, criada se resiste, amo ve la virtud de la criada y la desposa, final feliz), de lo que habla Richardson es de que "la Providencia recompensaría con dinero y posesión social superior a aquellas jóvenes de clase humilde que supieran "vender bien" su virginidad" (son palabras del prologuista). Vamos, un intercambio de sexo por dinero, la larga sombra de la prostitución que corre paralela a la "feminidad".
Esto de no ver el diablo cuando se disfraza de ángel es bastante común en nuestros días: ya Larsson, un asesino patológico en papel, viene siendo premiado por defender a las mujeres, miopía del poder.
A Fielding, como es lógico, lo brearon por ver la verdad, que es una cosa que no entiende de lo políticamente correcto. Por cierto, esto es, que no tiene nada que ver pero me acabo de acordar, hay una idea, afirmación, que debería desacreditar inmediatamente a todo el que la expresara: es: que hay que hacer preguntas y no dar respuestas. Claramente, yo estoy hasta los cojones de que escritores y cineastas (este finde la he oído TRES veces, entre otros, de Muñoz Molina en Babelia), no sabiendo qué decir, no teniendo la verdad ni intención de verdad ni labor de verdad en su labor creadora, salven la papela con un comodín dialéctico asquerosito: no, no, si yo sólo quiero que la gente se haga preguntas... ¿Preguntas? Te doy algunas: ¿por qué Babelia considera que Alfaro es una obra de Virginia Woolf: no era Al faro?, ¿por qué he leído este sábado Babelia: me follé a una de sus redactoras...?, ¿por qué Ayala-Dip (o algo) dice que Muñoz Molina considera que la obra de Galdós se sintetiza en la frase "cada hombre lleva consigo su novela", dando a entender que esas son palabras de MM y no, como es el caso, palabras del propio Galdós, y conocidísimas, de su novela Fortunata y Jacinta?, ¿por qué se escribe cada vez más como si todos fuéramos tontos del hule?
Iba a decir que Samuel Johnson, crítico del XVIII, minusvaloró a Fielding, al que ahora leo, y se machihembró con Richardson, al que nadie lee nunca, para que no aparecieran reseñas de Tom Jones en determinadas revistas: ay, el mundillo literario se inventó a la vez que la buena literatura, un lunes.
Más modernidad: "La tirada (de Tom Jones) fue de 2.000 ejemplares y la publicidad que se le dio antes de su publicación fue tal que la totalidad de la edición estaba agotada antes de que efectivamente pudiera llegar a las librerías". Siglo XVIII.
Al español se tradujo a lo bobísimo la novela: primero del francés, llamando a Henry Henrique; luego llamando a Henry Henri, luego llamando a Tom Jones Lola Flores.
lector: ¿En serio?
juan: Sólo trato de que os hagáis preguntas...
lector: ¿En serio?
No, claro. Se tituló Tonésimo de las Jons, el expañol.
A lo mejor ya no doy más de mí: aviso.
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El título completo de esta obrita es:
El marido femenino, o la sorprendente historia de la señora Mary, alias señor George Hamilton, que fue condenada por haberse casado con una joven de Wells y haber vivido con ella como su marido. Basada en sus propias declaraciones después de su encarcelamiento.
No sé si hace falta decir mucho más; veremos.























